A casi un año de su implementación, el programa de parquímetros en la capital poblana continúa generando inconformidad ciudadana y cuestionamientos sobre su verdadera efectividad. Aunque el Ayuntamiento de Puebla presentó el sistema de estacionamiento rotativo como una estrategia para mejorar la movilidad, ordenar el espacio público y reducir la saturación vehicular en el Centro Histórico y zonas aledañas, amplios sectores de la población, ven resultados totalmente negativos.
Para empezar, durante el 2025, el sistema de parquímetros generó una recaudación estimada de entre 33 y 51 millones de pesos, de acuerdo con cifras oficiales; sin embargo, el dato más revelador es el origen de esos ingresos, entre 60 y 65 % proviene de multas, lo que representa más de 20 millones de pesos obtenidos por sanciones.
En promedio, se registraron hasta 332 infracciones diarias durante el año, lo que ha llevado a críticos del programa a señalar que el esquema opera más como un mecanismo punitivo y recaudatorio que como una política pública orientada a mejorar la rotación vehicular y el orden vial.
Por otro lado, uno de los principales objetivos del programa era erradicar la presencia de franeleros en el primer cuadro de la ciudad; no obstante, el propio Ayuntamiento ha reconocido que esta meta no se ha cumplido, admitiendo que los parquímetros no lograron eliminar a los llamados “viene viene”, quienes continúan operando en zonas como Paseo Bravo, El Carmen y el Centro Histórico.
Estos grupos cobran cuotas ilegales de entre 5 y 20 pesos, apartan cajones y, en algunos casos, inducen a los automovilistas a no registrar su vehículo en el sistema, exponiéndolos a multas municipales.
Y es que, aunque se llevan a cabo operativos conjuntos con Gobernación, la práctica persiste, evidenciando una falta de control efectivo del espacio público y generando un doble cobro para los usuarios: parquímetro y franelero.
Otro de los argumentos a favor del sistema fue el supuesto incremento en la seguridad, derivado de mayor vigilancia y rotación constante de vehículos; sin embargo, esta promesa tampoco se ha materializado, pues hasta la propia Secretaría de Seguridad Ciudadana reconoce que el Centro Histórico concentra la mayor incidencia de robo de autopartes en la capital poblana, y esto ocurre pese a la presencia de supervisores y a los anuncios oficiales sobre la posible incorporación de cámaras y tecnología de inteligencia artificial.
Si bien algunos reportes señalan que los robos también son frecuentes en estacionamientos sin cobro, como plazas comerciales, la persistente concentración de este delito en la zona regulada contradice el argumento de que los parquímetros generan un entorno más seguro.
Ante este panorama, la pregunta central sigue abierta ¿han mejorado realmente la movilidad y el orden vial en Puebla con la implementación de los parquímetros?
Los defensores del programa sostienen que hay mayor rotación en algunos cajones del Centro Histórico y que el sistema ha generado ingresos para el municipio; sin embargo, los datos muestran que dichos recursos provienen mayoritariamente de multas, mientras persisten problemas estructurales como la informalidad, la inseguridad y la saturación real del estacionamiento.
El Ayuntamiento ha descartado ampliar el programa durante el resto de la administración y ha anunciado medidas como mayor vigilancia y mejoras tecnológicas, aunque hasta ahora sin resultados tangibles visibles.
Para la ciudadanía, el balance es claro, multas elevadas, cobros dobles, franeleros intocados y riesgos de robo en zonas reguladas, lejos de consolidarse como una política de movilidad urbana sostenible, el sistema de parquímetros enfrenta una percepción pública negativa y es considerado un fracaso operativo.