El relleno sanitario de Chiltepeque, ubicado en la junta auxiliar de Santo Tomás Chautla, enfrenta una saturación acelerada y crecientes denuncias ambientales que ponen en entredicho la gestión metropolitana de residuos. Con una vida útil estimada de apenas cinco a seis años, el sitio recibe diariamente basura no solo de la capital, sino de al menos siete municipios conurbados, bajo un convenio firmado en 2024.
San Andrés y San Pedro Cholula, Amozoc, Coronango, Huejotzingo, Cuautlancingo y Santa Clara Ocoyucan envían sus desechos a Chiltepeque, lo que ha provocado protestas vecinales, quienes denuncian malos olores, posibles filtraciones contaminantes y riesgos a la salud, además de la falta de información clara sobre el manejo ambiental del sitio.
En este escenario, San Andrés Cholula se ha colocado como el municipio con la estrategia más clara para reducir la presión sobre el relleno, al anunciar un programa integral de separación de residuos, con el que busca reducir hasta 50 % el volumen enviado a Chiltepeque.
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La estrategia incluye convenios con empresas recicladoras, actualización del reglamento de residuos sólidos y campañas de concientización ciudadana, con el objetivo de prolongar la vida útil del relleno y fomentar una cultura ambiental, reconociendo que el colapso del sitio es una amenaza real y cercana.
En contraste, otros municipios que también utilizan Chiltepeque, aparecen principalmente como firmantes del convenio metropolitano, sin que se documenten programas agresivos de reducción, separación o mitigación en origen.
Si bien su aportación de residuos es menor en volumen comparada con la de las Cholulas, la ausencia de estrategias claras evidencia una dependencia pasiva del relleno sanitario, sin asumir corresponsabilidad ambiental.
Pero el caso más polémico es el del Ayuntamiento de Puebla, encabezado por José Chedraui, responsable directo de la operación del relleno a través de la empresa concesionaria RESA, y es que, mientras municipios vecinos apuestan por la prevención, la capital ha sido blanco de severas críticas por fallas en la recolección, con acumulaciones de basura en colonias y vialidades.
Incluso el gobernador Alejandro Armenta ha criticado públicamente a la administración de la capital por las montoneras de basura y exigió revisar la concesión del servicio de limpia, aplicar sanciones por incumplimientos y evitar la complicidad institucional, puntualizando que el municipio debe obligar a las empresas concesionarias a cumplir o asumir directamente la recolección donde estas fallen.
Sin embargo, Chedraui, fiel a su estilo, respondió que las críticas son “bienvenidas”, pero atribuyó gran parte del problema a los ciudadanos por tirar basura fuera de horarios y en sitios no autorizados, además descartó revocar la concesión por los altos costos legales y financieros, y sostuvo, cómo siempre, que los problemas son heredados de administraciones anteriores.
En un hecho que la disparidad entre municipios evidencia dos modelos de gestión, uno preventivo y corresponsable, como el de San Andrés Cholula, y otro reactivo y defensivo, como el de Puebla capital; la saturación de Chiltepeque ya no es solo un asunto técnico, sino un reflejo de prioridades desiguales y falta de coordinación real en la zona metropolitana.
Con el relleno acercándose a su límite, especialistas y vecinos coinciden en que la capital, como principal generadora y operadora, debe asumir un liderazgo que hasta ahora no se percibe, de lo contrario, el colapso de Chiltepeque podría convertirse en una crisis sanitaria y política de mayores dimensiones para toda la región.