Este 10 de febrero se conmemora el Día Internacional de Internet Seguro, una fecha que busca promover su uso responsable, seguro y positivo, bajo lemas que varían anualmente. Para este año, el enfoque global resalta temas como la conciencia en la IA, el uso responsable de la tecnología inteligente, la protección contra estafas en línea y construir “Una Internet mejor juntos”.
Sin embargo, en México la realidad contrasta con esta conmemoración, pues pese a la creciente conciencia el país enfrenta una ola constante de ciberataques, posicionándose como uno de los países más vulnerables de América Latina, ocupando frecuentemente el segundo lugar regional.
De acuerdo con reportes recientes de firmas como Fortinet y otros organismos especializados, tan sólo en el primer semestre de 2025 se registraron más de 40,000 millones de intentos de ciberataques en el país. Para dimensionar la gravedad, en el primer trimestre del mismo año ya se habían acumulado poco más de 35,000 millones de intentos, una cifra sin precedentes.
Los ataques de ransomware y phishing encabezan la lista de amenazas, con incrementos anuales de hasta 38 % en ransomware y crecimientos que van del 25 % al 78 % en incidentes reportados, según el sector y el tipo de ataque.
Los sectores más afectados incluyen banca, ventas, gobierno, educación y empresas medianas, donde la digitalización acelerada no siempre ha ido acompañada de una cultura sólida de ciberseguridad. Como consecuencia, las pérdidas económicas por fraudes cibernéticos superan los 20,000 millones de pesos anuales en años recientes, y especialistas advierten que podrían aumentar considerablemente ante eventos de alta visibilidad internacional, como el Mundial de Futbol 2026.
Pero a pesar de este escenario, hay una marcada brecha entre la percepción del riesgo y la adopción de medidas preventivas, porque aunque muchos mexicanos expresan preocupación por el phishing, las estafas y el robo de datos personales, la mayoría continúa navegando en internet sin protecciones básicas, lo que perpetúa la vulnerabilidad del país en un entorno digital cada vez más complejo.
Gran parte de los riesgos no provienen de fallas técnicas avanzadas, sino de descuidos cotidianos y falta de conciencia digital. Entre los errores más comunes se encuentran la reutilización de contraseñas o el uso de claves débiles, la ausencia de autenticación de dos factores en cuentas críticas, y la conexión a redes Wi-Fi públicas para operaciones sensibles.
También es frecuente abrir enlaces o archivos sospechosos enviados por correo, mensajes de texto o WhatsApp, así como compartir en exceso información personal en redes sociales.
Otros factores que incrementan la exposición al riesgo incluyen no actualizar dispositivos y aplicaciones, ignorar alertas de seguridad, no contar con antivirus actualizado y caer en esquemas de phishing que suplantan a bancos, dependencias gubernamentales o servicios de paquetería.
A esto se suma el descuido en la supervisión de menores en línea, quienes pueden quedar expuestos a grooming, ciberacoso o contenidos inapropiados.
No obstante, especialistas coinciden en que navegar de forma segura no requiere ser experto en tecnología; medidas simples y consistentes pueden reducir drásticamente el riesgo y entre las principales recomendaciones están el uso de contraseñas fuertes y únicas, apoyadas por gestores de contraseñas; la activación permanente de autenticación de dos factores; y mantener actualizados sistemas operativos, aplicaciones y dispositivos.
Asimismo, se recomienda instalar un antivirus confiable, desconfiar de mensajes urgentes u ofertas demasiado atractivas, evitar el uso de Wi-Fi públicas para transacciones sensibles y revisar con regularidad la configuración de privacidad en redes sociales.
La educación digital dentro de la familia, especialmente para niños y adultos mayores, también es clave para prevenir fraudes y abusos.
En caso de ser víctima de un incidente, las autoridades exhortan a reportar los hechos ante instancias como la Policía Cibernética o la Guardia Nacional, como parte de una estrategia de contención y prevención colectiva.
En el Día Internacional de Internet Seguro, el caso de México evidencia que el principal desafío no es sólo tecnológico, sino cultural, reducir la brecha entre la queja y la acción es fundamental, adoptar hábitos digitales responsables no exige grandes conocimientos, sino disciplina, atención y sentido común.