Los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, así como las represalias iraníes que incluyen disrupciones en el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de 20 % del petróleo mundial, provocaron un fuerte repunte en los precios internacionales del crudo.
El Brent llegó a dispararse hasta 13 % el lunes 2 de marzo, alcanzando picos de entre 82 y 85 dólares por barril, y este martes se ubica alrededor de 79 dólares. El WTI estadounidense ronda los 72 dólares, mientras que la mezcla mexicana de exportación se vendió el lunes en 66.63 dólares, su nivel más alto en siete meses y 24.3 % por encima del promedio registrado a inicios de 2026.
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Ante este escenario internacional, en México surge una pregunta inevitable: ¿subirá la gasolina como ocurrió en 2022 tras la invasión rusa a Ucrania?
La respuesta oficial, por ahora, es negativa. La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que el país cuenta con un mecanismo para evitar aumentos abruptos en el corto plazo.
Actualmente, el precio promedio nacional de la gasolina Magna se mantiene entre 23.24 y 23.54 pesos por litro, de acuerdo con PETROIntelligence y Profeco al 3 de marzo, por debajo del techo voluntario de 24 pesos por litro acordado con los gasolineros desde 2025. La Premium ronda los 25.62 pesos y el diésel los 26.23 pesos.
El gobierno federal cuenta con dos principales amortiguadores para contener el impacto, el acuerdo de precio máximo de 24 pesos por litro para la Magna, que funciona como ancla política y referencia para el mercado; y el ajuste semanal del IEPS.
Actualmente este impuesto se cobra en su cuota plena, pero la Secretaría de Hacienda puede reducirlo o eliminarlo temporalmente para absorber el choque internacional, tal como ocurrió en 2022.
Al inicio de la guerra en Ucrania, el gobierno aplicó subsidios históricos, el IEPS se redujo a cero y se otorgaron apoyos complementarios que sumaron más de 396,000 millones de pesos en el año, esto permitió que el precio de la Magna se mantuviera en niveles moderados, entre 22 y 23 pesos promedio, pese al entorno global adverso.
Analistas de instituciones como Monex y Banamex coinciden en que, si el alza en el petróleo persiste, el mismo “escudo” fiscal podría activarse nuevamente.
El repunte del crudo también tiene un lado positivo para las finanzas públicas: cada dólar adicional en el precio de la mezcla mexicana genera alrededor de 11,600 millones de pesos extra en ingresos para el sector público, según estimaciones de Hacienda y analistas privados.
En lo que va de 2026, la mezcla promedia 58.73 dólares por barril, por encima de los 54.9 dólares presupuestados, lo que implica mayores recursos para Pemex y el Presupuesto federal, en el que se proyectaban 1.2 billones de pesos por exportaciones petroleras.
Sin embargo, los riesgos también están presentes. Si el conflicto en Medio Oriente se prolonga y obliga a reactivar estímulos fiscales amplios, la recaudación por IEPS, podría reducirse de manera significativa.
Además, aunque la gasolina al público se mantenga estable, podrían encarecerse costos de transporte, alimentos y producción industrial. Algunos economistas advierten que, si el crudo se aproxima a los 100 dólares por barril, la inflación podría superar el 4 %.
A ello se suma la posible volatilidad cambiaria y el impacto en las tasas de interés. El Banco de México podría verse presionado a elevar su tasa de referencia para defender el peso, encareciendo créditos para familias y empresas.
Asimismo, Pemex y la CFE enfrentarían mayor presión financiera si deben importar combustibles y gas más caros mientras absorben parte del impacto.
En el corto plazo, el efecto en el bolsillo de los mexicanos sería mínimo gracias al control de precios y los ajustes fiscales. A mediano plazo, todo dependerá de la duración y profundidad del conflicto. Un enfrentamiento breve podría traducirse incluso en un viento favorable para las finanzas públicas por mayores ingresos petroleros, en cambio, un cierre prolongado del Estrecho de Ormuz elevaría los riesgos de inflación, ajustes fiscales y menor crecimiento económico.