El 8M exhibe contrastes: desmanes en Puebla y silencio en Oaxaca

El 8M exhibe contrastes: desmanes en Puebla y silencio en Oaxaca

Foto: Enfoque

En el Día Internacional de la Mujer, las respuestas a las iniciativas gubernamentales en Puebla y Oaxaca revelan un panorama contrastante sobre la lucha feminista en México, mientras el gobierno poblano ofreció amplias garantías para las manifestaciones, estas derivaron en actos de vandalismo y pintas; en Oaxaca, una controvertida propuesta de “kit forense” para mujeres en caso de desaparición desató indignación en redes, pero sin protestas callejeras visibles, lo que plantea preguntas sobre las formas de expresión y la recepción de políticas públicas en contextos de violencia de género.

 

El Gobierno del Estado de Puebla, a través de la Secretaría de Seguridad Pública, desplegó más de 1,300 elementos para resguardar las marchas del 8M, enfatizando el respeto a la libertad de expresión y la seguridad de las participantes. 

 

Se destacó la ausencia de colectivos considerados más radicales, como el Bloque Negro y el Frente Radical Feminista, que anunciaron previamente que no participarían en la jornada debido a presuntas amenazas y a la supuesta falta de garantías de seguridad; estos grupos han sido señalados en años anteriores por llevar a cabo acciones directas durante las protestas, como pintas o daños a inmuebles públicos.

 

 

 

A pesar de estas medidas, la marcha del 8 de marzo en la capital poblana, que congregó a miles de mujeres exigiendo justicia por feminicidios y el fin de la violencia de género, no estuvo exenta de incidentes

 

Partiendo del Paseo Bravo hacia la Fiscalía General del Estado, algunas manifestantes hicieron pintas en edificios del Centro Histórico, rompieron cristales en estaciones del sistema de transporte RUTA y vandalizaron paraderos. 

 

Estos actos fueron defendidos por participantes como formas “legítimas” de protesta ante la impunidad en casos de violencia. 

 

En contraste, el Ayuntamiento de Santo Domingo Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, impulsó una iniciativa que rápidamente se volvió viral por su controversia: un taller para que mujeres elaboraran su propio “kit forense” en caso de desaparición, programado para el 6 de marzo como parte de las actividades del 8M. 

 

La propuesta, descrita como un espacio seguro y exclusivo para mujeres, incluía la preparación de muestras de ADN, huellas dactilares y otros datos para facilitar la identificación en escenarios de desaparición o feminicidio.

 

 

 

El gobierno municipal, encabezado por la alcaldesa Ana Cecilia Pérez Velásquez de Morena, presentó esto como una medida preventiva en un contexto en que México registra alrededor de 10 desapariciones de mujeres al día; sin embargo, la convocatoria desató una ola de críticas en redes sociales y medios, con colectivos feministas y buscadoras acusando al gobierno de normalizar la violencia estructural en lugar de prevenirla. 

 

Además, se reveló que la idea era un plagio de un proyecto artístico-académico de Becky Bios, diseñado originalmente para contextos de desastres masivos y desapariciones forzadas, no para replicarse sin capacitación adecuada.

 

La indignación llevó a la destitución inmediata de Keyla Karlet Calvo Vázquez, responsable del taller, pero no se reportaron protestas callejeras o actos de vandalismo en respuesta; la publicación fue eliminada de las redes oficiales y el evento no se llevó a cabo.

 

 

 

Estos actos destacan diferencias clave en la dinámica feminista mexicana; en Puebla, las garantías ofrecidas por el gobierno no impidieron que la manifestación escalara a pintas y vandalismo, interpretados por algunas como expresiones de frustración acumulada ante la inacción estatal. 

 

Por el contrario, en Oaxaca, la propuesta del kit forense generó rechazo masivo, pero canalizado principalmente a través de redes sociales y denuncias mediáticas, sin derivar en desmanes públicos. 

 

En un país con altos índices de feminicidios, la comparación invita a reflexionar: ¿por qué la ira se manifiesta en las calles en un caso, pero se contiene en críticas virtuales en otro? Las respuestas podrían yacer en las expectativas depositadas en cada gobierno y las formas evolucionadas de activismo feminista.

 

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