Más crecimiento, más inflación y un dilema económico en México que se complica

Más crecimiento, más inflación y un dilema económico en México que se complica

Foto: Sergio F Cara

El arranque de 2026 dejó una señal que resume el momento económico de México. La actividad muestra más fuerza de la prevista, pero la inflación mantiene presión sobre precios, consumo y decisiones monetarias. Ese contraste concentra el dilema señalado por el Fondo Monetario Internacional en su revisión más reciente.

 

La mejora en la previsión de crecimiento responde a factores concretos y recientes. El organismo elevó su estimación para México de 1.5 a 1.6% en 2026, luego de observar un cierre de 2025 más sólido de lo anticipado. También influyeron menores aranceles desde Estados Unidos y un entorno fiscal y monetario menos restrictivo.

 

 

Ese ajuste refleja una economía que llegó a 2026 con mejor base de comparación. Un cierre anual más firme permitió iniciar el año con un panorama menos débil al previsto meses antes. Al mismo tiempo, una menor presión comercial desde el exterior alivió parte de la incertidumbre sobre exportaciones e inversión.

 

Las políticas menos restrictivas también ayudaron a explicar el nuevo cálculo del FMI. Un entorno con menores frenos fiscales y monetarios puede dar más espacio al crédito, al consumo y a ciertas decisiones de inversión. Esa combinación permitió al organismo corregir al alza un escenario que antes lucía más limitado.

 

Sin embargo, el cambio en crecimiento vino acompañado por otra revisión que complica la lectura general. El FMI ahora prevé una inflación de 3.9% para 2026, por encima del 3.3% estimado previamente. La diferencia responde, sobre todo, al encarecimiento de los energéticos y a una persistencia inflacionaria interna.

 

El aumento en los energéticos pesa porque afecta más de un frente de la economía. Su impacto alcanza transporte, producción, distribución y costos operativos en distintos sectores, por lo que termina trasladándose a más precios. El conflicto en Medio Oriente reforzó esa presión al elevar la volatilidad sobre petróleo y mercados.

 

Sumado a esa presión externa, hay un componente interno que no termina de ceder. El FMI identificó una persistencia inflacionaria doméstica, es decir, aumentos de precios que siguen presentes aun sin un choque adicional. Esa resistencia complica un descenso más rápido y amplía el margen de cautela para el Banco de México.

 

Ante dicho escenario, Banxico enfrenta una tarea delicada para los próximos meses. Si las presiones provienen sobre todo de la energía, la respuesta puede centrarse en medir su duración y alcance. Si el alza se extiende a expectativas, salarios y servicios, el margen para relajar la política monetaria se reduce.

 

El panorama también mantiene abierta una discusión de mediano plazo sobre cómo sostener el crecimiento. El FMI reiteró la necesidad de fortalecer el Estado de derecho, cerrar brechas de infraestructura y simplificar regulaciones. Además, insistió en profundizar el sistema financiero para ampliar inversión y capacidad productiva.

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