La Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló el acuerdo que elimina la reprobación automática de estudiantes de educación básica, una medida que ha generado un amplio debate sobre sus posibles efectos en la calidad educativa y el rezago académico que dejó la pandemia.
Con esta resolución, la Corte determinó que el acuerdo es constitucional y que privilegia el interés superior de los alumnos, al evitar que niñas, niños y adolescentes sean excluidos del sistema educativo por bajas calificaciones o problemas de asistencia relacionados con contextos sociales y económicos adversos.
Esta disposición aplica para preescolar, primaria y secundaria, tanto en escuelas públicas como privadas incorporadas al sistema educativo nacional.
Entre sus principales cambios, desaparece la reprobación automática por no acreditar materias o por no cumplir con un porcentaje mínimo de asistencia, salvo casos graves y plenamente justificados.
Además, la política educativa establece promoción automática en preescolar y primer grado de primaria, mientras que en los grados posteriores se priorizan evaluaciones cualitativas, acompañamiento pedagógico y procesos de regularización antes que sanciones académicas.
La discusión llegó a la Suprema Corte luego de que el Colegio El Roble promoviera un amparo argumentando que la medida vulneraba la calidad educativa y el principio de excelencia académica; sin embargo, los ministros consideraron que el acuerdo busca garantizar el derecho a la educación y reducir la exclusión escolar, además de alinearse con modelos educativos internacionales más inclusivos, como los aplicados en Finlandia y Dinamarca.
La decisión se da en medio de un panorama preocupante para la educación en México. Diversos estudios advierten que la pandemia provocó un rezago de entre cuatro y cinco ciclos escolares en áreas fundamentales como matemáticas y comprensión lectora, especialmente entre estudiantes de sectores vulnerables, rurales y de bajos ingresos.
Especialistas han documentado que muchos alumnos de cuarto y quinto de primaria presentan dificultades para llevar a cabo operaciones básicas, mientras que otros estudiantes no logran comprender textos acordes a su nivel escolar; a ello se suma la deserción educativa registrada durante y después de la emergencia sanitaria por COVID-19.
Durante la pandemia, la promoción automática y la flexibilidad en asistencia fueron implementadas como medidas extraordinarias para evitar un colapso educativo y una ola masiva de abandono escolar. En el corto plazo, estas políticas ayudaron a contener la deserción y evitar problemas de sobreedad en las aulas.
No obstante, algunos docentes señalan que también dejaron efectos negativos importantes, como grupos con niveles de aprendizaje muy dispares, mayores dificultades para avanzar en contenidos y procesos insuficientes de regularización académica.
Entre los argumentos a favor de la medida destacan la reducción de la exclusión escolar, la protección del derecho a la educación y un enfoque centrado en el desarrollo integral del alumnado. Sus defensores sostienen que reprobar no siempre mejora el aprendizaje y que, en muchos casos, solo profundiza desigualdades sociales.
Por el contrario, críticos advierten que eliminar la reprobación podría disminuir la exigencia académica, desincentivar el esfuerzo y agravar el rezago educativo si no existen programas sólidos de recuperación de aprendizajes.
También alertan sobre el riesgo de que estudiantes lleguen a niveles superiores con deficiencias severas en conocimientos básicos.
Especialistas coinciden en que la promoción automática no necesariamente es negativa, pero subrayan que requiere acompañamiento permanente, inversión en nivelación académica, capacitación docente y estrategias de atención personalizada para que los alumnos realmente logren aprender.
Con esta resolución, la Suprema Corte coloca el énfasis en la inclusión y permanencia escolar; sin embargo, el debate de fondo continúa abierto, cómo garantizar que los estudiantes no solo permanezcan en las aulas, sino que adquieran los conocimientos y habilidades necesarios para su desarrollo académico y profesional.