Cada año, en temporada de calor, Puebla enfrenta uno de los periodos más críticos para el suministro de agua, que es el estiaje, y es que mientras los niveles de ríos, presas, lagunas y acuíferos disminuyen por la falta de lluvias y las altas temperaturas, miles de familias padecen tandeos, baja presión o cortes en el servicio; pero en medio de la crisis, también hay quienes encuentran una oportunidad de negocio.
El estiaje es una disminución natural estacional en la disponibilidad de agua, provocada por la combinación de calor extremo, evaporación acelerada y menor precipitación. Aunque no equivale a una sequía permanente, especialistas advierten que el cambio climático ha intensificado estos periodos, haciendo más severo el impacto sobre la población.
En Puebla, el fenómeno se traduce en pozos con niveles reducidos, mayor presión sobre la red hidráulica y un incremento considerable en el consumo doméstico. Durante esta temporada, el uso de agua puede aumentar entre 15 y 50 % debido a actividades como baños frecuentes, lavado y almacenamiento preventivo.
Para miles de familias poblanas, especialmente en colonias populares y zonas con desabasto histórico, el estiaje significa vivir con suministro intermitente y depender de alternativas costosas para cubrir necesidades básicas.
A pesar de que muchas viviendas continúan pagando tarifas regulares a la concesionaria Agua de Puebla para Todos, el servicio irregular obliga a contratar pipas de agua o comprar más garrafones.
Actualmente, una pipa de entre 4,000 y 5,000 litros puede costar entre 550 y 850 pesos, mientras que unidades de 10,000 litros llegan a cobrarse entre 900 y 1,500 pesos, dependiendo de la distancia y la urgencia.
Además, las purificadoras y distribuidoras de garrafones registran un incremento en la demanda, ya que las familias que normalmente consumen tres garrafones por semana llegan a necesitar cuatro o más durante la temporada de calor.
El negocio del agua
El estiaje también deja en evidencia cómo la escasez puede convertirse en un negocio rentable; empresas y particulares dedicados al reparto de agua en pipas son los principales beneficiados durante estos meses, en un contexto donde la demanda supera la capacidad del servicio público.
A ello se suma el aumento en ventas de tinacos, cisternas, bombas hidráulicas y sistemas de purificación, productos que muchas familias consideran indispensables para enfrentar la falta de agua.
Aunque el gobierno estatal ha reforzado la atención con la adquisición de decenas de pipas para abastecer colonias afectadas, el mercado privado continúa dominando gran parte del suministro emergente.
Organismos ciudadanos coinciden en que el estiaje no solo es un fenómeno climático, sino un reflejo de problemas estructurales en la gestión del agua.
Las fugas en la red, la sobreexplotación de acuíferos, la falta de infraestructura y el crecimiento urbano desordenado agravan una situación que cada año golpea con más fuerza a la población.
Mientras tanto, el costo económico recae directamente sobre las familias, que deben destinar parte importante de su presupuesto a garantizar un recurso básico.
Y es que, en temporada de estiaje, el agua deja de ser solo un derecho humano y, para muchos, se convierte en un lujo que depende del bolsillo.