Mientras el mundo vigila el hantavirus, la 4T sigue mirando hacia otro lado

Mientras el mundo vigila el hantavirus, la 4T sigue mirando hacia otro lado

Foto: Magnific

Mientras organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, mantienen vigilancia sobre un brote de hantavirus, relacionado con un crucero turístico en Sudamérica; en México la discusión pública parece concentrarse en otros frentes, cómo el recorte del calendario escolar, la continuidad del apoyo político y humanitario a Cuba y la controversia diplomática por el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.

 

Este contraste ha reavivado críticas sobre las prioridades de la llamada Cuarta Transformación, ahora encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum, especialmente después de las lecciones que dejó la pandemia de COVID-19 en el país.

 

Pero esta desconexión entre amenazas sanitarias reales y las prioridades del gobierno no es nueva. Durante la pandemia de COVID-19, bajo la administración de Andrés Manuel López Obrador, México vivió uno de los manejos más criticados a nivel internacional.

 

 

El expresidente minimizó repetidamente el riesgo con frases como “hay que abrazarse, no pasa nada”, promovió el uso de amuletos o remedios caseros y rechazó medidas económicas de apoyo amplio a empresas, priorizando programas sociales emblemáticos y una narrativa de “no endeudarnos”.

 

El resultado fue trágico, ya que México registró una de las tasas de mortalidad por COVID más altas del mundo, colapso en hospitales, falta de oxígeno y un rezago educativo masivo por el cierre prolongado de escuelas sin una estrategia clara de reapertura o apoyo tecnológico.

 

Mientras otros países implementaban pruebas masivas, rastreo y campañas claras, en México se insistió en “no hacer caso al alarmismo” y se priorizaron desfiles, obras emblemáticas y confrontaciones políticas.

 

Es un hecho que, en tiempos de la 4T, persiste un patrón: la salud y preparación ante amenazas sanitarias quedan en segundo plano frente a agendas ideológicas, eventos de imagen o protección de figuras cercanas.

 

Durante el COVID, esta lógica costó vidas y años de desarrollo, y aunque el hantavirus no representa actualmente un escenario comparable a la pandemia, especialistas insisten en que la prevención temprana y la comunicación clara son fundamentales para evitar crisis mayores.

 

Y en medio de este panorama, el país enfrenta nuevamente la discusión sobre qué temas ocupan el centro de la agenda pública y cuáles quedan relegados, en una etapa donde la memoria de la pandemia todavía sigue presente en millones de familias mexicanas.

 

La historia reciente demuestra que ignorar las lecciones del COVID puede tener costos altísimos, la prevención no espera consignas ni calendarios electorales.

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