Hace seis años, el primer día de clases no estuvo lleno de mochilas, filas para entrar al salón ni abrazos entre compañeros, para miles de niñas y niños. La escuela comenzó frente a una pantalla, con una televisión encendida, un teléfono celular compartido o un cuaderno que llegaba a casa.
Eran los primeros meses de la pandemia por COVID-19 y, sin saberlo, estaban escribiendo una página inédita en la historia de la educación en México.
Hoy, esa misma generación se despide de la primaria y está por dar el salto a la secundaria. Se trata de la llamada "generación de la pandemia", estudiantes que aprendieron a leer, escribir, sumar y restar en medio del confinamiento, mientras sus maestros buscaban la manera de enseñar a la distancia y las familias convertían la sala de su casa en un salón de clases improvisado.
Para la maestra Bianca, con 10 años de experiencia en educación primaria, aquellos meses cambiaron para siempre la forma de entender la enseñanza.
"De un día para otro dejamos los pizarrones y comenzamos a enseñar por videollamadas, televisión y WhatsApp. Muchos alumnos no tenían internet, computadora o un espacio adecuado para estudiar. Hubo familias que hicieron verdaderos sacrificios para que sus hijos no abandonaran el aprendizaje", recuerda.
En entrevista para Imagen Poblana, explica que enseñar a leer y escribir fue uno de los mayores desafíos, pues son habilidades que normalmente requieren acompañamiento cercano, observación constante y práctica diaria dentro del aula.
"Los padres se convirtieron en nuestros aliados, muchos terminaron siendo maestros en casa mientras nosotros tratábamos de guiarlos a la distancia. No fue fácil para nadie", señala.
Pero las secuelas no fueron únicamente académicas, el aislamiento también transformó la manera en que los niños convivían, expresaban sus emociones y enfrentaban los retos cotidianos.
"Cuando regresaron a las aulas encontramos alumnos más tímidos, con dificultades para socializar, trabajar en equipo o mantenerse concentrados durante largos periodos. También vimos ansiedad e inseguridad, consecuencias de haber pasado tanto tiempo lejos de la escuela", comenta.
Aunque reconoce que las estrategias de recuperación impulsadas por la Secretaría de Educación Pública ayudaron a reducir parte del rezago, considera que todavía existen áreas que requieren atención, principalmente en comprensión lectora, escritura y matemáticas.
Sin embargo, la docente rechaza que esta sea una generación perdida.
"Son niños que aprendieron algo que ningún libro enseña: adaptarse; vivieron una experiencia extraordinaria y salieron adelante, llegan a la secundaria con algunos vacíos académicos, sí, pero también con una resiliencia impresionante, mayor autonomía y habilidades digitales que difícilmente tenían generaciones anteriores", afirma.
Hoy, mientras las ceremonias de graduación llenan las escuelas de aplausos, fotografías y despedidas, también cierran el capítulo de una generación que aprendió a estudiar en circunstancias extraordinarias.
Su paso por la primaria quedará ligado para siempre a una pandemia que transformó la educación, pero también a la memoria de tardes frente a la televisión, tareas hechas en familia y voces infantiles que, aun a la distancia, siguieron encontrando la manera de aprender.
Ahora se van, pero dejan el eco de una infancia que tuvo que crecer demasiado pronto, que deja atrás la primaria con la ternura de quienes aprendieron entre ausencias, pantallas y silencios, y con la nostalgia de saber que una etapa irrepetible se queda guardada para siempre en la memoria.