Las fuertes lluvias en los últimos días volvieron a exhibir un problema que se presenta año con año: las inundaciones en la capital poblana no obedecen únicamente a la intensidad de las precipitaciones, sino a una infraestructura urbana que ha sido rebasada por el crecimiento de la ciudad, los efectos del cambio climático y por supuesto una autoridad municipal que se ha desentendido de manera infame de su cometido.
La tormenta de este martes 7 de julio provocó encharcamientos e inundaciones en vialidades como la Avenida Juárez, Recta a Cholula, incluidas las incorporaciones al Periférico Ecológico, Prolongación Reforma, Calzada Zavaleta, bulevar Esteban de Antuñano y diversos puntos del Periférico, donde en cuestión de minutos quedaron varados vehículos, colapsaron coladeras y se registraron importantes afectaciones a la movilidad.
De acuerdo con diversos análisis, el problema responde a una combinación de factores estructurales, uno de los principales es la insuficiente capacidad del sistema de drenaje pluvial, gran parte del cual fue construido para una ciudad con una población y una extensión urbana mucho menores a las actuales.
En algunas zonas del Centro Histórico hay componentes con varias décadas de antigüedad que ya no pueden desalojar el volumen de agua que generan las lluvias actuales.
A ello se suma el crecimiento acelerado de la mancha urbana y la reducción de áreas verdes y superficies permeables, lo que impide que el agua de lluvia se infiltre al subsuelo y provoca que escurra rápidamente hacia calles y avenidas, saturando el sistema de alcantarillado.
Otro factor que contribuye a las anegaciones es la acumulación de basura en alcantarillas y bocas de tormenta, y aunque se llevan a cabo labores de desazolve, estas acciones resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.
Asimismo, la propia configuración geográfica de la ciudad favorece la acumulación de agua en puntos específicos. Zonas como Recta a Cholula, Zavaleta y algunos pasos a desnivel en Esteban de Antuñano funcionan como cuencas naturales donde el agua se concentra con rapidez durante las tormentas.
Algunos analistas también advierten que el cambio climático ha incrementado la intensidad de las precipitaciones, con lluvias más fuertes en periodos más cortos, lo que pone a prueba una infraestructura que no fue diseñada para estas condiciones.
Y aunque las autoridades estatales mantienen trabajos de limpieza de drenajes, desazolve de vasos reguladores, monitoreo de ríos y rehabilitación de infraestructura hidráulica, estas acciones deben complementarse con un plan integral que incluya la modernización del sistema de drenaje, una mejor planeación urbana, la recuperación de áreas verdes y estrategias de adaptación al cambio climático.