La actividad sísmica registrada recientemente en distintas regiones del mundo, ha provocado que las redes sociales se inunden de "predicciones” que aseguran que viene un evento sísmico de gran magnitud en México.
El principal argumento apunta hacia la llamada Brecha Sísmica de Guerrero, una zona de subducción con décadas de acumulación de deformación tectónica, pero los especialistas advierten que este fenómeno no permite establecer una fecha, hora o magnitud exacta para un próximo terremoto.
La Brecha de Guerrero se localiza frente a la costa de ese estado, en el contacto donde la placa de Cocos se introduce por debajo de la placa de Norteamérica. De acuerdo con las delimitaciones utilizadas en diferentes estudios, comprende un segmento costero de aproximadamente 200 a 230 kilómetros, entre zonas cercanas a Papanoa, Acapulco, Petatlán y Ometepec.
La preocupación científica se debe, entre otros factores, a que entre 1899 y 1911 ocurrieron en esta región varios terremotos de magnitud aproximada de 7.5 a 7.8 y desde entonces no se ha registrado en buena parte del segmento un gran terremoto de subducción que libere de manera significativa toda la deformación acumulada, por lo que la zona permanece bajo vigilancia permanente.
Diversos estudios han planteado que una ruptura extensa de la brecha podría producir un terremoto cercano o superior a magnitud 8; un evento de esa dimensión tendría capacidad para generar daños severos en Guerrero y otras zonas del centro del país, incluida la Ciudad de México, donde las características del suelo pueden amplificar considerablemente el movimiento sísmico.
Sin embargo, hablar de acumulación de energía no significa que la brecha esté “a punto de romperse”, la dinámica tectónica es mucho más compleja; en Guerrero y Oaxaca se han identificado grandes episodios de deslizamiento lento entre las placas, conocidos como slow slip events, que pueden liberar parte de la deformación acumulada durante semanas o meses sin producir las ondas sísmicas destructivas de un terremoto convencional.
Estos movimientos lentos han sido fundamentales para comprender que la energía tectónica no se comporta como un depósito que simplemente se llena hasta alcanzar un punto de explosión, la deformación puede redistribuirse y liberarse parcialmente mediante distintos procesos, aunque ello no elimina la posibilidad de que ocurra un terremoto de gran magnitud.
La comunidad científica mantiene, además, una postura clara frente a las supuestas predicciones que circulan en internet: actualmente no hay un método capaz de determinar con precisión cuándo ocurrirá un terremoto, dónde exactamente comenzará, qué magnitud tendrá o cuánto durará.
Un hombre de la tercera edad conocido como el Profeta Simón se volvió tendencia en redes sociales tras difundirse que habría predicho el terremoto de magnitud 7.4 en Colombia ocurrido el pasado 10 de agosto.
— Noticias Telemicro (@NTelemicro5) August 13, 2026
Mediante un video publicado el 6 de julio, aseguró que el sismo formaba… pic.twitter.com/ICHRYubeDi
El monitoreo mediante estaciones sísmicas, sistemas GPS, instrumentos marinos y otras tecnologías permite estudiar la deformación de la corteza terrestre y establecer escenarios de peligro y probabilidades a largo plazo.
También permite detectar fenómenos que incrementan temporalmente la actividad sísmica, pero no convertirlos en una fecha determinada para un terremoto.
Por ello, los mensajes que relacionan terremotos ocurridos en otros países con un supuesto “desencadenamiento” de un gran sismo en Guerrero carecen de respaldo científico; no existe evidencia que permita afirmar que un terremoto ocurrido a miles de kilómetros pueda anunciar de manera automática otro de gran magnitud en México.
La Brecha de Guerrero representa, por tanto, un riesgo sísmico real, pero no una predicción, México se encuentra en una de las regiones tectónicamente más activas del planeta y los grandes terremotos forman parte de su historia geológica.
Ante este escenario, especialistas y autoridades de Protección Civil mantienen como principales herramientas la vigilancia permanente, el fortalecimiento de las construcciones, los simulacros y la preparación de la población.
Más que intentar anticipar una fecha que la ciencia todavía no puede establecer, la recomendación es mantener protocolos de emergencia, identificar zonas seguras y consultar información del Servicio Sismológico Nacional y las autoridades de Protección Civil.
La amenaza sísmica existe; lo que no, hasta ahora, es una fecha científica para anunciar el próximo gran terremoto.