Meta acordó pagar hasta 18.000 millones de dólares a estados de Estados Unidos y modificar Facebook e Instagram para cerrar una demanda relacionada con los posibles daños de sus tecnologías sobre la salud mental infantil. Entre los cambios previstos para usuarios estadounidenses menores de 18 años aparecen un límite diario de dos horas y el bloqueo de las plataformas entre la medianoche y las 6:00 de la mañana. Algunas restricciones necesitarán autorización de un padre o tutor para ser desactivadas.
El alcance de esas medidas, sin embargo, abre una discusión distinta: limitar el tiempo conectado no necesariamente equivale a intervenir sobre los factores que pueden generar daño. De acuerdo con Nature, Kathryn Modecki, psicóloga de la Universidad de Australia Occidental, sostuvo que las investigaciones actuales no suelen colocar el tiempo de pantalla como principal foco y considera más relevante observar el funcionamiento de los algoritmos que determinan qué contenido reciben los menores.
Por su parte, Meta también permitirá a los menores de 18 años desactivar los algoritmos de recomendación, aunque estos permanecerán habilitados por defecto. Para Modecki, ese diseño resulta insuficiente si el objetivo es priorizar la seguridad, porque deja en manos del usuario la decisión de retirarse de un sistema de recomendaciones en lugar de exigir su activación voluntaria. La especialista advierte además que las nuevas reglas no deberían interpretarse como garantía de que los jóvenes quedan protegidos.
Investigaciones
Otro cuestionamiento surge de los patrones reales de uso. Xiaoran Sun, psicóloga de la Universidad de Minnesota, participó en un estudio publicado en JAMA Pediatrics que recopiló datos de teléfonos inteligentes de adolescentes. Los resultados citados muestran un promedio de aproximadamente 13 minutos diarios en Instagram y cerca de 80 minutos de uso de redes sociales en conjunto. Frente a esas cifras, Sun plantea dudas sobre cuánto puede modificar el comportamiento un límite fijado en dos horas.
La restricción nocturna presenta una lógica distinta. Sun considera que reducir el acceso durante esas horas puede avanzar en la dirección adecuada porque los datos de su investigación muestran efectos perjudiciales de las redes sociales sobre el sueño adolescente. La falta de sueño, señala, puede repercutir negativamente en la salud mental y el rendimiento académico.
Así, las medidas combinan límites de tiempo, controles nocturnos y opciones sobre los algoritmos, pero la evidencia presentada por los investigadores no permite concluir que esas restricciones resolverán por sí mismas los riesgos asociados con el uso adolescente de redes sociales. La discusión científica permanece abierta tanto sobre la magnitud del daño como sobre qué intervenciones ofrecen una protección más efectiva.