El regreso a clases suele estar acompañado de operativos viales, patrullajes, cámaras de vigilancia y recomendaciones para salir con anticipación; sin embargo, estas acciones, aunque necesarias durante los primeros días, resultan insuficientes para garantizar la seguridad de estudiantes durante todo el ciclo escolar.
Los riesgos alrededor de los planteles educativos permanecen durante todo el año e incluyen atropellamientos, accidentes viales, robos, intrusiones, violencia y consumo de sustancias, por ello, la seguridad escolar requiere pasar de operativos temporales a una estrategia permanente que involucre a autoridades educativas, de seguridad, movilidad, gobiernos municipales y a la propia comunidad.
Uno de los puntos prioritarios es la pacificación vial en los entornos escolares, debido a que la velocidad representa uno de los principales factores de riesgo para niñas, niños y adolescentes. Entre las medidas recomendadas se encuentran establecer y hacer cumplir límites de velocidad, instalar reductores, pasos peatonales elevados, extensiones de banquetas y señalización permanente y visible.
También se plantea implementar esquemas conocidos como “School Streets”, mediante los cuales se hacen cierres parciales de calles frente a las escuelas durante los horarios de entrada y salida. A ello se suma la necesidad de combatir de manera permanente la doble fila y el estacionamiento en zonas de cruce, así como mantener vigilancia vial más allá de la primera semana de clases.
Otro aspecto fundamental es el control de accesos y la protección del perímetro escolar; entre las medidas recomendadas están contar con accesos controlados, registro de visitantes, credenciales temporales, cámaras de videovigilancia en puntos estratégicos y sistemas de alarma que permitan detectar aperturas o situaciones de riesgo.
La vigilancia tampoco debe limitarse a operativos especiales. En planteles ubicados en zonas de mayor riesgo o con elevada afluencia se requiere una presencia policial rutinaria, rondines peatonales y vehiculares, además de mecanismos de comunicación directa entre las escuelas y las autoridades, como botones de pánico o alarmas silenciosas.
La seguridad debe extenderse además al trayecto entre el hogar y la escuela. La creación de rutas seguras para peatones y ciclistas, acompañamiento de grupos de estudiantes, educación vial permanente y una mayor vigilancia en los puntos de ascenso y descenso pueden reducir los riesgos fuera de los planteles.
Dentro de las escuelas, la prevención también juega un papel central, los planteles necesitan mantener actualizados sus mapas de riesgo, contar con protocolos ante amenazas, violencia, extorsión o presencia de armas, además de fortalecer la atención al bullying, acoso escolar y salud mental; la capacitación continua del personal y ejecuciones periódicas de simulacros forman parte de esta estrategia.
De esta manera, los operativos implementados durante el regreso a clases son necesarios, pero no suficientes; el reto es evitar que la seguridad de los estudiantes sea una prioridad únicamente durante los primeros días del ciclo escolar.