¿Dónde estamos a salvo? La violencia ya no respeta iglesias, escuelas ni restaurantes

¿Dónde estamos a salvo? La violencia ya no respeta iglesias, escuelas ni restaurantes

Foto: Magnific

La violencia dejó de estar confinada a determinados puntos de las ciudades; el asalto registrado la noche del jueves 27 de agosto en la Iglesia de Dios, ubicada sobre Circuito Juan Pablo II, en la colonia Residencial Boulevares de Puebla capital, evidenció nuevamente la vulnerabilidad de espacios donde la población acude en busca de tranquilidad y seguridad.

 

Alrededor de 10 hombres armados irrumpieron en el templo mientras se llevaba a cabo una actividad religiosa a la que asistían aproximadamente 25 personas, entre ellas unas 20 mujeres y cinco menores de edad; mientras algunos integrantes del comando vigilaban los accesos, otros amagaron a los asistentes y les exigieron celulares, dinero, joyas, relojes y las llaves de sus vehículos, dónde incluso fue robada una camioneta de lujo.

 

Pero este episodio no representa un caso aislado; en febrero de este año, Álvaro Meneses González, de 20 años, fue asesinado a balazos mientras llevaba a cabo trabajos de pintura en la fachada de la capilla del Señor de la Misericordia, en San Baltazar Tetela, mientras que en el interior del inmueble había menores que participaban en clases de catecismo.

 

La inseguridad también ha alcanzado otros espacios considerados cotidianos o protegidos, como las escuelas donde se han registrado ataques con armas y hechos de violencia grave, como el ocurrido el 24 de marzo de este año, cuando un estudiante de 15 años ingresó armado al Instituto Educativo Antón Makárenko, en Lázaro Cárdenas, Michoacán, y asesinó a tiros a las maestras María del Rosario Sagrero Chávez y Tatiana Madrigal Bedolla.

 

De igual forma los panteones e incluso durante sepelios, han sido escenario de ataques armados, como el acontecido en marzo de 2025, cuando un comando asesinó a siete personas durante un entierro en Apaseo el Grande, Guanajuato.

 

En restaurantes y taquerías, la situación tampoco es distinta, en enero de 2026, un ataque contra la taquería El Asadito, en Amozoc, Puebla, dejó un comensal muerto y otro herido durante un asalto. El hecho fue captado por cámaras de seguridad y se sumó a otros robos registrados en establecimientos de comida de la entidad.

 

Sin duda, este problema adquiere una dimensión mayor cuando los espacios religiosos, educativos, de duelo y convivencia comienzan a ser considerados objetivos vulnerables.

 

Robos, extorsiones, asaltos y ataques armados muestran que la delincuencia puede irrumpir prácticamente en cualquier entorno, mientras la percepción de seguridad se deteriora entre la población.

 

La pregunta queda abierta después del asalto en Puebla: ¿hay algún lugar donde realmente estemos a salvo?

 

La respuesta no puede depender únicamente de operativos posteriores a los hechos, el reto para las autoridades está en recuperar la seguridad preventiva y garantizar que acudir a una iglesia, llevar a los hijos a la escuela, visitar un panteón o sentarse a comer no implique asumir un riesgo que debería ser ajeno a la vida cotidiana.

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