Dulces poblanos, ¿los olvidados de las fiestas patrias?

Dulces poblanos, ¿los olvidados de las fiestas patrias?

Foto: Enfoque

Mientras el mole, los chiles en nogada, el pozole y los antojitos mexicanos se convierten en protagonistas de las mesas durante septiembre, los dulces típicos poblanos sobreviven como una tradición que, pese a tener siglos de historia, parece quedar en segundo plano durante las fiestas patrias.

 

Camotes, tortitas de Santa Clara, muéganos, borrachitos, jamoncillos, cocadas y macarrones de leche forman parte de una de las expresiones gastronómicas más representativas de Puebla; su origen está ligado principalmente a las cocinas conventuales de los siglos XVI y XVII, donde las religiosas combinaron ingredientes locales con productos y técnicas introducidas durante el periodo virreinal.

 

La tradición se desarrolló en conventos como Santa Clara, Santa Rosa y otros espacios religiosos de la ciudad, el azúcar de caña, la leche, las almendras, las especias y los licores se mezclaron con productos como el camote, la pepita de calabaza y diversas frutas, dando origen a recetas que con el paso de los siglos salieron de los conventos y llegaron a las familias poblanas.

 

Uno de los símbolos de esta tradición es la Calle de los Dulces, en la 6 Oriente del Centro Histórico, donde las vitrinas exhiben buena parte de esta herencia gastronómica; los camotes son quizá el producto más identificado con Puebla: se preparan a base del tubérculo cocido y azúcar, al que se agregan sabores como fresa, vainilla, limón, coco o piña.

 

Las tortitas de Santa Clara, elaboradas con una base de galleta y una cubierta de dulce de pepita de calabaza, son otro de los grandes clásicos; a ellas se suman los muéganos, los borrachitos, el jamoncillo, las cocadas, los rompemuelas, mostachones y frutas cristalizadas.

 

Aunque los dulces tradicionales no alcanzan la demanda que generan los platillos típicos de las fiestas patrias, septiembre representa una oportunidad para las dulcerías del centro histórico, principalmente por los poblanos que buscan llevar un postre a la cena del Grito y por los turistas que compran cajas para regalar.

 

En un recorrido llevado a cabo por Imagen Poblana por la tradicional calle de los Dulces, comerciantes señalaron que las ventas han mostrado un repunte durante los días previos al 15 de septiembre, aunque todavía se encuentran por debajo de las temporadas consideradas más fuertes del año.

 

Los encargados explicaron que durante estas fechas los clientes buscan principalmente camotes, tortitas de Santa Clara, borrachitos y muéganos, mientras que las presentaciones en cajas o paquetes para compartir tienen mayor movimiento.

 

De acuerdo con los comerciantes consultados, el incremento de aproximadamente 20% no necesariamente representa una temporada extraordinaria, pero sí un alivio para los negocios, pues septiembre permite recuperar parte del movimiento gracias a las compras para las reuniones familiares y a los visitantes que llegan al Centro Histórico.

 

Además, existe un segundo tipo de consumidor, quienes adquieren los dulces como recuerdo de Puebla para familiares o amigos de otros estados; las cajas de productos surtidos se convierten así en una especie de souvenir gastronómico que mantiene vigente una tradición que ha pasado de generación en generación.

 

La historia de estos dulces también explica por qué muchos de ellos están relacionados con nombres religiosos o conventuales; no son simplemente golosinas, representan el encuentro entre ingredientes originarios de México y técnicas europeas que, con el tiempo, fueron transformadas por las cocineras y reposteras novohispanas.

Notas Relacionadas