Apenas este último viernes, la señora Claudia Sheinbaum se refirió a la base social que han construido los criminales a lo largo y ancho de la República. Esto, al ser cuestionada en su mentiñera sobre la retención de militares y policías en Quechultenango, Guerrero, que dejó un muerto y 25 lesionados, incluido un coronel del Ejército macheteado.
Reconoció la inquilina de AMLO en Palacio Nacional que grupos delictivos de la región de La Montaña se vinculan con sectores de la población en algunas regiones del estado.
No solamente ahí, señora. Este fenómeno social se extiende a lo largo y ancho del territorio porque hay una población desatendida, carente de servicios públicos, por ejemplo los médico asistenciales, donde además el Estado de Derecho dejó de tener presencia desde hace tiempo.
En ellos los grupos delincuenciales proporcionan lo que los gobiernitos cuatroteros no les pueden brindar.
La imagen del mítico Robín Hood, que rescató Eric J.
Hobsbawm en su clásico estudio sobre el bandolerismo social -- forma de protesta rural en la que un ladrón o proscrito es considerado un héroe y defensor por los campesinos, aunque el Estado lo persiga como un criminal común, de acuerdo con el estudioso británico--, parece renacer, aunque deformada, en esta violenta posmodernidad mexicana en donde han aparecido los señores de la droga y del huachicol, aliados del régimen de Cuarta…
Sociólogos experimentados señalan que el crimen organizado construye su base social —es decir, el respaldo, protección o simpatía de comunidades locales— mediante una estrategia calculada que aprovecha los vacíos del Estado y las necesidades de la población.
Ante la ausencia de instituciones públicas en zonas marginadas, las organizaciones delictivas actúan como un "Estado alterno" o auxiliar. Esto incluye asistencia material, reparto de despensas, juguetes, útiles escolares, financiamiento de fiestas patronales o entrega de dinero en efectivo, así como financiamiento de clínicas comunitarias, pavimentación de calles, reparación de escuelas e iglesias o pago de tratamientos médicos costosos para los habitantes.
Los jefes o capos muchas veces actúan como jueces locales o mediadores en disputas vecinales o familiares, imponiendo un "orden" rápido que las autoridades formales tardan en resolver.
Y por si fuera poco, ofrecen empleo y movilidad social
económica, pues en regiones con alto deterioro urbano o falta de oportunidades laborales, la delincuencia se presenta como una vía de supervivencia y ascenso económico rápido, al involucrar a la comunidad en eslabones menores pero necesarios para su operación, tales como el halconeo, almacenamiento, cultivo o transporte de sustancias, lo que genera una economía local dependiente de sus flujos de dinero.
Narcopolítica, otro factor
Más allá del beneficio material, los grupos criminales construyen pactos de fidelidad basados en aspectos intangibles, como el sentido de pertenencia, al ofrecer a los jóvenes estatus, poder y una identidad colectiva frente a la marginación o la exclusión del sistema formal.
Y, por si fuera poco, cooptan a través de la música, la vestimenta y las redes sociales, en las que se idealiza la vida delictiva, transformando el crimen en un modelo aspiracional legítimo para las nuevas generaciones.
Recursos extremos son la coerción, la extorsión y el miedo, pues la base social no siempre se construye desde el afecto o el beneficio; el miedo es un pilar fundamental. Mediante el uso de la violencia extrema y amenazas directas, eliminan la resistencia de los liderazgos comunitarios. Y una vez sometida la población, la colaboración (como el bloqueo de carreteras para impedir el paso de fuerzas de seguridad) se vuelve obligatoria bajo amenaza de represalias.
Las organizaciones delictivas fortalecen su control social aliándose con actores del poder político formal, conformando así lo que últimamente se ha dado en denominar narcopolítica. Financian campañas electorales locales, estatales y federales –como las de AMLO en 2006, 2012, 2018 y 2021-- para asegurar impunidad o para desviar recursos públicos hacia sus propias redes de intermediación, consolidando aún más su control sobre el territorio.
Los gringos tienen razón
No me imagino a Errol Flyn o Kevin Costner interpretando a Robín como jefe de un cártel de narcos, pero existieron El Chapo, El Mencho, El Mayo y muchos jefes de la delincuencia organizada que han contado y que aún cuentan con una base social de protección para que sus respectivos cárteles puedan actuar en completa impunidad.
No hace mucho, durante el primer sexenio de AMLO en el poder, en un informe del Ejército titulado la “Fuerza Armada Permanente en Tareas de Seguridad Pública” se leía que “la delincuencia organizada mantiene confrontaciones abiertas en contra de autoridades civiles y militares, atentando contra el Estado de derecho y las instituciones, contando en algunos casos con el apoyo de su base social en entidades como Guerrero, Tamaulipas, Sinaloa y Michoacán”.
Ello confirmó lo que han dicho en repetidas ocasiones militares y funcionarios estadounidenses, quienes como el general Glen VanHerck, exjefe del Comando Norte de los Estados Unidos (USNORTHCOM) dijo en marzo de 2021, durante una conferencia de prensa en el Pentágono, que entre el 30% y el 35% del territorio mexicano estaba controlado por organizaciones criminales transnacionales, describiendo esas zonas como "frecuentemente ingobernables"…
… hasta el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien reiteró recientemente que existen extensos territorios en México no gobernados por el Estado, indicando que, aunque el gobiernito mexicano actúa contra los cárteles, el esfuerzo todavía no basta debido al gran poder financiero y armado de estos grupos.
Así que, señora Sheinbaum, si los criminales cuentan con base social, tal obedece a que el Estado abandonó a quienes en Morena solo usan –y abusan-- para el “acarreo” y la movilización electoral, pese al derroche en aquello que los cuatroteros llaman eufemísticamente “programas del Bienestar”.
Los gringos, pues, tienen razón.
Indicios
En mayo de 2026, hace cuatro meses, mujeres indígenas de la región de la Montaña Baja de Guerrero grabaron un video para pedir ayuda urgente y rescate al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, debido a que el grupo criminal conocido como Los Ardillos atacó varias comunidades indígenas como Tula, Xicotlán, Acahuehuetlán y Alcozacán, cerca del municipio de Chilapa. Los criminales disparan con armas grandes, usaron drones con explosivos y quemaron las humildes casas. Más de 2 mil personas tuvieron que huir de sus hogares para salvar sus vidas. Niños, mujeres y adultos mayores se escondieron en los cerros sin comida ni medicinas. En el video se escucha a las mujeres decir que Claudia Sheinbaum no les hace caso ni les brinda seguridad, por lo que imploraban que el gobierno estadounidense enviara helicópteros para rescatarlos y sacarlos de la zona de peligro. Abandono de la sociedad. Vacío del Estado. * * * Por hoy es todo. Con mi reconocimiento a usted por haber leído este Índice Político van también y como siempre mis deseos de que tenga ¡buenas gracias y muchos, muchos días!
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