La muerte de recién nacidos en hospitales del IMSS de Durango y Jalisco constituye una tragedia que obliga a cuestionar, más allá de los discursos oficiales, las condiciones reales en las que opera una de las instituciones de salud más importantes del país.
Mientras el gobierno federal sostiene que el Seguro Social atraviesa una etapa de fortalecimiento, familias enfrentan la pérdida de sus hijos por infecciones que, bajo protocolos adecuados, no deberían suceder.
Entre el 15 y el 19 de septiembre de 2026, cinco recién nacidos fallecieron en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales del Hospital General de Zona número 1 del IMSS en Durango; cuatro de ellos dieron positivo a Klebsiella pneumoniae, bacteria que habita el intestino, pero que puede provocar infecciones graves cuando llega a sitios del organismo donde no debe estar.
La situación también encendió las alarmas en el Centro Médico Nacional de Occidente, en Guadalajara, donde familiares denunciaron la muerte de bebés asociada con infecciones por Klebsiella y, en algunos casos, Candida albicans.
El propio IMSS ha reconocido fallecimientos en esa unidad durante 2026 en los que las infecciones hospitalarias aparecen entre las causas.
La gravedad del problema radica en que no se trata simplemente de la presencia de una bacteria; Klebsiella pneumoniae puede formar parte de la flora intestinal humana, pero al ingresar al torrente sanguíneo, pulmones, vías urinarias o heridas puede provocar neumonía, sepsis y otras infecciones potencialmente mortales, particularmente en recién nacidos cuyo sistema inmunológico todavía es inmaduro.
En un hospital, la aparición de brotes de este tipo obliga a revisar de inmediato los protocolos de higiene, lavado de manos, desinfección de superficies y equipos, manejo de catéteres y ventiladores, así como el uso y control de antibióticos.
No basta con atribuir las muertes a la vulnerabilidad de los pacientes: también debe determinarse si hubo fallas evitables dentro de las unidades médicas.
Estas muertes de bebés son trágicas y muy lamentables, pero aunque se oiga cruel no deberían asombrar, porque el IMSS se ha caracterizado por el trato inhumano a los pacientes.
Una ocasión, un prestigiado cirujano del IMSS San José relató a un periodista (se omite su nombre) que los pacientes recién operados prácticamente tenían sentencia de muerte al llegar a “terapia intensiva”, debido al desdén y descuido de los médicos y enfermeras que “cuidaban” a los pacientes. “Lo puedo operar, pero lo van a matar en terapia intensiva”, advertía el médico off record a familiares de los pacientes.
Ese testimonio, aunque corresponde a años atrás y no prueba por sí mismo lo ocurrido en Durango o Jalisco, retrata una preocupación que no puede ser ignorada: de nada sirve presumir hospitales, camas, consultas o inversiones si los protocolos más elementales de seguridad no se cumplen precisamente en las áreas donde la vida de los pacientes depende de cuidados extremos.
Y ahí es donde el discurso oficial enfrenta una contradicción difícil de ocultar, mientras familias lloran la muerte de sus hijos, desde el gobierno federal se insiste en que el IMSS se encuentra en uno de sus mejores momentos, con mayor infraestructura, más camas, más atención médica y una institución fortalecida por la llamada Cuarta Transformación.
Pero una institución de salud no puede medir su éxito únicamente por el número de consultas, camas construidas o servicios otorgados; su verdadera prueba está en la capacidad de proteger la vida de quienes ingresan a sus instalaciones, especialmente de los pacientes más vulnerables.
¿Qué sentido tiene hablar de un IMSS “mejor que nunca” si una unidad neonatal registra un brote bacteriano que termina con la vida de recién nacidos? ¿De qué sirve presumir la expansión del sistema de salud si fallan protocolos tan básicos como la higiene, la asepsia y el control de infecciones?
La respuesta del IMSS mueve a risa y coraje: en Durango se determinó el cierre temporal de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales y se llevó a cabo cambios en la representación institucional, mientras que en Jalisco se separó a funcionarios y se anunció una auditoría clínica colegiada independiente para revisar lo ocurrido. Cambios burocráticos para combatir la falta de higiene y la falta de humanidad.
También se ha informado que especialistas revisarán aspectos como el lavado de manos, limpieza, manejo de catéteres, personal asignado por paciente y utilización de antibióticos; son acciones que debieron aplicarse desde siempre, no ahora que varias familias ya enfrentaron la pérdida irreparable de sus hijos.
La investigación deberá determinar responsabilidades y, sobre todo, establecer si las muertes pudieron prevenirse, porque si una bacteria asociada con infecciones hospitalarias aparece repetidamente en unidades donde se atiende a recién nacidos, la discusión no puede reducirse a una estadística ni esconderse detrás de un discurso político.
La pregunta fundamental es mucho más sencilla y mucho más incómoda: ¿qué falló?
Las familias tienen derecho a saber si hubo negligencia, deficiencias de higiene, contaminación de equipos, problemas en el manejo de medicamentos o todo junto.
La transformación de un sistema de salud no puede medirse solamente en anuncios de infraestructura, también debe medirse en vidas salvadas, infecciones prevenidas y pacientes protegidos.