Nunca se había visto algo así allí: un agujero gigante apareció en la Antártida

Nunca se había visto algo así allí: un agujero gigante apareció en la Antártida

Foto: Magnific

En pleno invierno antártico, cuando el océano debería permanecer cubierto por una extensa capa helada, una enorme superficie de agua quedó inesperadamente expuesta. El episodio ocurrió en la bahía de Breid, en la Antártida Oriental, donde nunca se había registrado una polinia semejante durante la era satelital.

 

Una polinia es una región de agua abierta, o con muy poca concentración de hielo marino, rodeada por una extensión mayor de hielo. Aunque estas estructuras existen en distintas zonas antárticas, la registrada en Breid destacó por su tamaño, momento del año y carácter excepcional.

 

La abertura alcanzó 89.121 kilómetros cuadrados, una superficie apenas menor que Portugal y extraordinaria para una bahía cubierta casi completamente semanas antes. A comienzos de julio de 2024, cerca del 97% de la zona permanecía congelada, dentro de los valores esperados para el invierno.

 

Desde el 17 de julio, sin embargo, la cobertura comenzó a retroceder rápidamente hasta situarse alrededor del 25% en menos de dos semanas. El cambio dejó al descubierto una transformación inusual para una época en la que normalmente el hielo debería continuar expandiéndose.

 

El fenómeno fue analizado en un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters, elaborado a partir de imágenes satelitales, sensores oceánicos y registros climáticos. La investigación reconstruyó cómo distintas condiciones atmosféricas y oceánicas coincidieron para abrir una superficie de agua de semejante magnitud.

 

Cómo puede abrirse una polinia en pleno invierno

 

La explicación no depende de un único mecanismo, sino de una coincidencia poco habitual entre procesos atmosféricos y oceánicos capaces de frenar la congelación. Durante julio y agosto atravesaron la región seis ríos atmosféricos, grandes corredores de aire que transportan humedad y calor desde latitudes más bajas.

 

Esos episodios estuvieron asociados con temperaturas de hasta 17 grados Celsius por encima de lo habitual para esa época del invierno antártico. Al mismo tiempo, los vientos intensos desplazaron agua superficial fría y favorecieron el ascenso de agua más cálida desde capas profundas del océano.

 

Dicho proceso, conocido como succión de Ekman, permitió que calor almacenado bajo la superficie alcanzara una zona normalmente aislada del hielo. También se desarrolló una ola de calor marina entre el 23 de julio y el 14 de agosto, prolongando las condiciones desfavorables para la congelación.

 

La superficie del agua permaneció alrededor de 0,6 grados Celsius por encima del promedio histórico durante ese periodo. Si bien parece una diferencia pequeña, resultó suficiente para dificultar que el mar recuperara rápidamente su cobertura helada.

 

Por qué sorprendió tanto a la ciencia

 

El impacto científico no radica solamente en observar agua donde normalmente existe hielo, sino en la coincidencia excepcional de múltiples condiciones extremas. Los registros disponibles desde 1979 no habían mostrado una polinia invernal de mar abierto comparable en esa parte de la bahía de Breid.

 

Además, el episodio ocurrió después de décadas de observación continua, lo que permitió distinguirlo de una variación habitual o poco documentada del sistema. Para los investigadores, esa combinación demuestra cómo atmósfera, océano y hielo pueden interactuar hasta alterar temporalmente un entorno considerado relativamente estable.

 

Las polinias también modifican el intercambio de calor, gases y nutrientes entre océano y atmósfera, además de alterar procesos biogeoquímicos y ecosistemas. Su aparición no eleva directamente el nivel del mar, porque el hielo marino ya flota sobre el océano antes de derretirse.

 

Sin embargo, una menor cobertura puede modificar la protección que rodea plataformas de hielo y glaciares frente al contacto con aguas oceánicas más cálidas. El caso de Breid resulta especialmente valioso porque muestra que un sistema aparentemente estable puede responder con rapidez cuando coinciden varios factores extremos.

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