En los últimos días, las recomendaciones de distintos países, incluido México, para contar con una mochila de emergencia con artículos suficientes para sobrevivir durante 72 horas han generado inquietud entre la población; sin embargo, esta medida de prevención no es nueva en el país y pese a que las autoridades la promueven desde hace varios años, todavía son pocos los hogares que la incorporan a sus planes de protección.
La llamada “mochila de vida” está diseñada para cubrir las necesidades básicas de una familia durante los primeros tres días posteriores a una emergencia, como un sismo, huracán, inundación o cualquier otro desastre que pueda interrumpir los servicios de agua, electricidad, transporte y comunicación.
De acuerdo con las recomendaciones de Protección Civil, este periodo es fundamental porque los cuerpos de emergencia pueden concentrar sus esfuerzos en las zonas más afectadas, por lo que cada familia debe contar con recursos básicos para afrontar las primeras horas de una contingencia.
Para un hogar promedio de cuatro integrantes, el equipamiento debe contemplar principalmente agua potable, alimentos no perecederos, una linterna, radio portátil, botiquín de primeros auxilios, medicamentos de uso continuo, documentos personales protegidos en bolsas impermeables, dinero en efectivo, silbato, artículos de higiene, ropa de cambio y una manta térmica.
Uno de los elementos más importantes es el agua; para tres días se requieren entre 24 y 36 litros para una familia de cuatro personas, dependiendo de las necesidades y las condiciones climáticas; a esto se deben sumar alimentos suficientes que no requieran refrigeración y, de preferencia, puedan consumirse sin necesidad de cocinar.
La preparación también debe contemplar a los animales de compañía; en el caso de una mascota, se recomienda incluir alimento para tres días, agua, correa o transportadora, bolsas para recoger sus desechos, un plato plegable y una copia de su cartilla de vacunación, si requiere algún medicamento también deberá incorporarse.
Pero ¿cuánto cuesta preparar una mochila de emergencia? De acuerdo con estimaciones de precios de artículos disponibles en tiendas de autoservicio, armar un equipo básico puede representar un desembolso de entre 1,000 y 3,000 pesos, dependiendo de la calidad de los productos y de los artículos que ya se tengan en casa.
Entre los gastos principales se encuentran una mochila resistente, que puede costar alrededor de 380 pesos; un radio portátil, cuyo precio oscila entre 500 y 540 pesos; además de una linterna con pilas, botiquín, agua embotellada, alimentos enlatados, galletas, artículos de higiene y una cobija.
En conjunto, un equipamiento más completo puede alcanzar entre 2,700 y 2, 800 pesos; en tanto, una alternativa “austera” puede prepararse con un presupuesto de entre 1,000 y 2,000 pesos, al aprovechar objetos disponibles en el hogar y adquirir únicamente los artículos faltantes.
En el caso de las mascotas, el gasto adicional tampoco representa necesariamente una cantidad elevada, pues el alimento para tres días de un perro mediano puede costar entre 60 y 150 pesos, dependiendo de la marca y presentación, sin considerar otros insumos específicos.
Aunque el precio puede representar una dificultad para las familias con ingresos limitados, no necesariamente es el único motivo por el que esta medida de prevención no se adopta; la falta de cultura preventiva, la percepción de que una emergencia es poco probable y la costumbre de postergar este tipo de preparativos también influyen.
Por ello, las autoridades recomiendan no comprar todos los artículos de una sola vez, sino integrar la mochila de manera gradual, aprovechando los productos que ya se tienen en casa y verificando periódicamente la caducidad de los alimentos, medicamentos y el estado de las baterías.
La mochila debe permanecer en un sitio visible y de fácil acceso, preferentemente cerca de una ruta de evacuación, para que pueda tomarse rápidamente en caso de ser necesario.
Así, más allá de la inversión económica, el principal desafío es convertir la prevención en un hábito familiar, pues contar con los insumos necesarios puede marcar una diferencia durante las primeras 72 horas de una contingencia.